La ministra de la Corte Suprema Gloria Ana Chevesich participó en la mañana de hoy – martes 5 de diciembre- en un conversatorio sobre la propuesta un sistema unificado de información sobre violencia basada en género, organizado por el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género y el Banco Mundial en el Palacio de La Moneda.
Se trata de la creación de un sistema unificado de datos que permita a los servicios estatal que deben proteger y reparar a las víctimas de la violencia de género contra con la información completa que permita hacer una intervención más integral para las víctimas y sus familias. La actividad fue presentada por la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Antonia Orellana; Virginia Brandon, Representante Banco Mundial Chile y Diana Arango, Jefa de Proyecto.
El objetivo fue presentar la maqueta del Sistema Integrado de Información de Violencia basada en Género (SIIVbG), sus características, potencial y programa de implementación y escalabilidad y dialogar sobre los desafíos y oportunidades que presenta la integración con todas las instituciones estatales que forman parte de la Ruta Crítica en Violencia de Género.
La ministra Chevesich participó en el conversatorio junto a la presidenta de la Comisión de Mujeres de la Cámara de Diputados, Francisca Bello; y la directora del Sernameg, Priscilla Carrasco.
En su intervención, la ministra precisó que «no existe cambio de paradigma efectivo posible para la protección de las personas y, en especial, de los grupos más vulnerables, sin un acabado diagnóstico del contexto que se pretende reformar, de las capacidades institucionales existentes, de la provisión de los recursos adecuados para esos fines y la coordinación interinstitucional pertinente. La ley es un texto, cuya justificación y legitimidad se basa, en gran medida, en su efectiva aplicación; de modo tal que un deber prioritario de los colegisladores es conocer bien el terreno que desean mejorar, oír la opinión técnica de los entes involucrados, ajustar las expectativas de la norma que proyectan y garantizar la provisión de los medios pertinentes para cumplir lo que se promete».
Junto con mencionar como elementos claves para esta tarea la coordinación interinstitucional, los recursos financieros y la necesidad de evaluar las condiciones de funcionamiento de la tecnología, la ministra dijo que «la problemática de fondo no puede ser desatendida, lo que nos compele a profundizar en el fenómeno de la violencia y en darnos cuenta que si bien la ley puede significar un avance, la finalidad que persigue debe invitarnos a reflexionar sobre una dimensión más profunda del asunto, con miras a atender no sólo la experiencia propiciada por el latente acto de violencia en sí mismo, sino con lo que lo antecede y que refiere a la restauración del daño en su completitud, y, desde ese prisma, el desafío es aún mayor, pues debemos saber construir un sistema más afectivo y compasivo, hallando en su núcleo un enfoque que considere a la víctima y al victimario en la comprensión de que deben ser vistos por el sistema, ya que la violencia como fenómeno puede tener un origen primordial en las raíces históricas de dolor y negación de una familia y de una sociedad».
Agregó que «contribuir en conectar con la maravillosa virtud de entregar protección, contención y consuelo a quienes lo necesitan, requiere de un compromiso ético con nuestras potencialidades intrínsecas, y para ello, debemos observar la necesidad de que la inteligencia que gozamos para materializar una ley converse con la sabiduría del corazón, por lo tanto, se requiere que las personas que gozamos de investiduras representativas de un colectivo, mantengamos un compromiso constante con nuestro desarrollo espiritual, porque pareciera que sólo conectándonos con nuestro fuero interno, podremos conectar con las virtudes que nos hacen visionar lo que un sistema en su plenitud requiere, pues detrás de todo hay personas que sienten y resienten las decisiones que otros adoptan, y cuando siendo equívocas o erróneas discurren y persisten, nos demuestran que no comprendemos la dimensión de nuestro servicio, desconectándonos del propósito por el cual hemos sido llamados a servir».
«Lo expuesto, nos recuerda que somos humanos y que nuestra misión en el servicio es humanizar lo que hacemos, pues si escuchamos nuestra naturaleza más genuina, empezaremos a vivir en mayor coherencia con nosotros mismos, logrando verdaderamente atender el llamado de quien procura a través de nuestra acción dar alivio a su calvario (.. .) Entonces, el desafío es grande, y debemos saber dar luces de unidad, consistencia y sabiduría, dejando atrás la percepción de un espíritu social inmaduro en cuanto a la falsa creencia de que las leyes todo lo solucionan», concluyó la ministra Chevesich.